El 1 de abril de 2026 la humanidad dio un salto gigante con el lanzamiento de la misión Artemis II, un hito que marca nuestro próximo regreso a la Luna y abre la puerta a futuras expediciones a Marte. Durante diez días, cuatro astronautas reescribieron la historia con una tripulación pionera que incluyó a la primera mujer en orbitar el satélite natural: Christina Koch.
Varias décadas atrás, Bill Anders, tripulante de la misión Apolo 8, capturó la “Earthrise”, una fotografía histórica de la tierra vista desde la órbita lunar. En ese entonces Christina aún no nacía, incluso llegó al mundo 11 años después de este evento. Pero en su infancia solo esa foto fue suficiente para que decidiera que ella también iría al espacio. “Una foto me inspiró a ser astronauta…El hecho que había un humano detrás del lente le dio más profundidad a esta foto y cambió la manera en que pensábamos de nuestro propio planeta”, comentó.
Koch es ingeniera eléctrica y física. Mucho antes de ser astronauta, se inició en el desarrollo de instrumentos para la ciencia espacial e ingresó al Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA (GSFC). En su carrera también realizó estancias de investigación en la Antártida, Groenlandia y Alaska, y trabajó en el Departamento Espacial del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. Allí, nuevamente contribuyó en la creación de instrumentos para misiones, como Juno y las sondas Van Allen.
En 2013, Christina fue seleccionada como astronauta de la NASA, completando su entrenamiento dos años más tarde. En 2019, junto a Jesica Meir, hizo la primera caminata espacial exclusivamente femenina y más tarde logró un nuevo hito al transformarse en la mujer que más tiempo ha estado en el espacio, completando 328 días en la Estación Espacial Internacional.
Seis años más tarde, Koch fue parte de la tripulación más diversa en la historia de las exploraciones espaciales y desde allí no sólo fue la primera mujer en orbitar la Luna, sino también la primera que más lejos estuvo de nuestro planeta.